La Iglesia Ortodoxa Apostólica es hoy una unión de comunidades ortodoxas de tradición apostólica, ligadas por una misma confesión de fe, por la participación en los sacramentos y por los principios de una vida eclesial conciliar.
La Iglesia no se define como una Iglesia nacional que pertenezca exclusivamente a un solo pueblo o a un solo Estado.
Sus comunidades están presentes en distintos países y reúnen a cristianos de orígenes culturales y lingüísticos diversos.
Los fundamentos esenciales de la vida eclesial siguen siendo la fidelidad a la doctrina ortodoxa, la conservación de la sucesión apostólica, la libertad de conciencia, la conciliaridad, la autonomía de las comunidades y la responsabilidad cristiana ante el prójimo.
La Iglesia Ortodoxa Apostólica entiende su ministerio como continuación de una tradición secular de fe cristiana, dirigida a la persona con independencia de su origen, de su posición social y de las fronteras de los Estados.
Fundada como organización eclesial independiente en el año 2000, la Iglesia no ve su tarea histórica en crear una nueva doctrina, sino en conservar y desarrollar el cristianismo ortodoxo de acuerdo con los principios del Evangelio.
Su camino está ligado a la búsqueda de un equilibrio entre la fidelidad a la Tradición y la necesidad de responder a las preguntas del mundo actual.
En el centro de ese camino permanece la convicción de que la Iglesia existe para dar testimonio de Cristo, unir a las personas en la fe y el amor, transformar espiritualmente al ser humano y servir activamente al prójimo.