Escritura y Tradición
El Antiguo y el Nuevo Testamento se reciben dentro de la Santa Tradición viva de los apóstoles, los concilios y los Padres de la Iglesia.
La fe que confesamos
Nuestra fe es la fe en Dios uno y trino revelado en Jesucristo, transmitida en la Escritura y en la Santa Tradición, y vivida en el culto, los sacramentos, la oración y el amor.
En el centro
Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Confesamos a Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador del mundo, crucificado, resucitado y que ha de volver. Creemos que el Espíritu Santo da la vida, renueva la creación y obra en la Iglesia.
El Antiguo y el Nuevo Testamento se reciben dentro de la Santa Tradición viva de los apóstoles, los concilios y los Padres de la Iglesia.
El bautismo, la crismación, la Eucaristía, la confesión, la unción de los enfermos, el orden sagrado y el matrimonio dan forma a la vida sacramental de la Iglesia.
Honramos a los santos de Dios, de Oriente y de Occidente, y en especial a la santísima Theotokos, la Madre de Dios, Madre de nuestro Señor Jesucristo.
La Eucaristía en el centro
La Divina Liturgia reúne a la Iglesia local en torno a Cristo. En la Eucaristía no recibimos una idea acerca de Dios, sino la comunión sacramental de la Iglesia en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Las formas litúrgicas pueden variar de una comunidad a otra, pero la renovación nunca se entiende como novedad por la novedad. La propia declaración histórica de la Iglesia resume su principio con sencillez: renovación, sin «renovacionismo», es decir, un desarrollo encauzado por la Escritura, la Tradición y la paz de la comunidad.
Creemos que la Iglesia una, santa, católica y apostólica se manifiesta en una pluralidad de Iglesias y comunidades locales unidas al misterio de Cristo por la fe y los sacramentos. La Iglesia Ortodoxa Apostólica se entiende a sí misma como partícipe de esa única Iglesia, sin dejar de reconocer las divisiones institucionales reales que existen entre los cristianos.
La confesión de fe publicada por la Iglesia honra expresamente la herencia teológica y litúrgica cristiana tanto de Oriente como de Occidente, siempre que no contradiga la fe ortodoxa. Así, el encuentro ecuménico es algo más que diplomacia: es una búsqueda disciplinada de los dones que el cristianismo sigue llevando consigo a través de sus tradiciones históricas.
Para profundizar